CABALGANDO

 Mabel Lara y su razón


Por: Carlos Alberto Lenis


Después de haber sucumbido a la tentación de ser candidata por el Nuevo Liberalismo en las elecciones legislativas del año pasado, donde fracasó en su intento de llegar al Congreso, y de haber renunciado a la oferta del gobierno del Cambio para ser negociadora con el ELN, Mabel Lara ha tomado una excelente decisión al rechazar la postulación a la candidatura para la alcaldía de Cali.


Ella posee todas las condiciones y cualidades necesarias para ocupar ese cargo, al que más de veinte personas están aspirando en la actualidad. Es una profesional carismática, inteligente, conocedora del tema y tiene en mente los problemas que afectan a la ciudad conocida como la "Sucursal del Cielo", que actualmente se encuentra sumida en una ola de hechos que la convierten en una de las ciudades más inseguras del mundo. Será una tarea ardua para aquel que asuma el cargo de alcalde en enero de 2024.


Mabel no quiere ser candidata, no desea prestar su nombre para ser elegida, y tiene toda la razón. La política es extremadamente compleja y aquellos que, como ella, no son políticos, ven en la política un final apacible en sus vidas, que se ven reemplazados por la intranquilidad y los ataques de aquellos que solo buscan ser detractores u opositores, utilizando la ley de la rata: "si no puedo disfrutar del pan, debo buscar la forma de arruinarlo".


Quienes están en la política saben que esta labor se vuelve difícil debido a la mala filosofía que impera en ella: "Hagas lo que hagas, estará mal, y si no haces nada, también estará mal". Por eso se dice que entrar en estos ámbitos requiere aprender a soportar todo tipo de ataques, a defenderse de cualquier manera posible, incluso de forma mezquina en muchos casos. 


Y como aquellos que no son políticos tampoco conocen cómo se lleva a cabo la politiquería, que es lo que al final prevalece en los cargos públicos, esperemos que Mabel no cambie y se mantenga firme. La política es para los políticos, su nombre, gracias a su trayectoria bien llevada, goza de reconocimiento que puede ser fácilmente cambiado una vez que se accede a un cargo público. No tiene la necesidad de cambiar su rol profesional, debe mantenerse en él.

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